EL PROBLEMA

Las consecuencias del delito y del crimen son muy diversas y muy graves. Las víctimas, los reclusos y sus familias son uno de los grupos más vulnerables, y a pesar de su proximidad a nosotros son olvidados del mundo. Viven escondidos, aislados, encerrados y menospreciados.

Las víctimas del delito generalmente son ignoradas, salvo cuando son necesarias como testigos en el proceso penal. Reciben muy poca ayuda para recuperarse y sus necesidades de restitución son insatisfechas, creando trauma y un legado emocional de daño no resuelto.

La prisión no siempre rehabilita; un alto porcentaje de reclusos volverán a delinquir. No tienen la oportunidad de comprender realmente el daño que su delito causa en la vida de las víctimas, en su comunidad y en la sociedad.

Víctimas ocultas e inocentes - generaciones enteras de hijos - sufriendo y, en algunos casos, pagando el precio final por los crímenes de sus padres. Los niños de los presos se encuentran entre las poblaciones más excluidas y desamparadas del mundo. Son más pobres, más privados de las necesidades básicas, más estigmatizados, más victimizados y más propensos a cometer crímenes.

Qué hacemos: víctima, penado, familia, evangelio.

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